lunes, 30 de abril de 2012
LEITORES
"Por vezes creio que os bons leitores são cisnes ainda mais tenebrosos e singulares que os bons autores...
... Leer, para já, é uma actividade posterior à da escrever: mais resignada, mais cortês, mais intelectual."
Livro: História Universal da Infâmia
Autor: Jorge Luis Borges
domingo, 22 de abril de 2012
Traição
" - Mas, o meio?... o meio? -disse Fernando.
- Ainda o não achou?
- Não; isso é consigo.
- É verdade -tornou Danglars- os franceses têm sobre os espanhóis essa superioridade: os espanhóis reflectem, e os franceses inventam.
- Pois então invente -disse Fernando com impaciência.
- Tragam papel, pena e tinta! -gritou Danglars.
- Papel, pena e tinta! -exclamou Fernando.
- Aqui tem -disse o criado, trazendo o que fora pedido.
- Quando penso -disse Caderousse, deixando cair a mão no papel- que aqui está quanto basta para matar um homem com maior certeza do que se o esperassem no meio dum bosque para o assassinar!... Sempre tive mais medo duma pena, dum frasco de tinta e duma folha de papel, do que duma espada ou duma pistola.
- O manganão não está tão bêbado como parece -disse Danglars.- Deite-lhe mais vinho, Fernando."
- Ainda o não achou?
- Não; isso é consigo.
- É verdade -tornou Danglars- os franceses têm sobre os espanhóis essa superioridade: os espanhóis reflectem, e os franceses inventam.
- Pois então invente -disse Fernando com impaciência.
- Tragam papel, pena e tinta! -gritou Danglars.
- Papel, pena e tinta! -exclamou Fernando.
- Aqui tem -disse o criado, trazendo o que fora pedido.
- Quando penso -disse Caderousse, deixando cair a mão no papel- que aqui está quanto basta para matar um homem com maior certeza do que se o esperassem no meio dum bosque para o assassinar!... Sempre tive mais medo duma pena, dum frasco de tinta e duma folha de papel, do que duma espada ou duma pistola.
- O manganão não está tão bêbado como parece -disse Danglars.- Deite-lhe mais vinho, Fernando."
Livro: O conde de Monte Cristo
Autor: Alexandre Dumas
lunes, 9 de abril de 2012
O tempo
"O tempo não dura sempre o mesmo. Uma noite pode ser mais curta ou mais longa que outra noite de igual número de horas. Aquele que não acredite em mim, que o pergunte a um farmacêutico de apelido Coria, que vive no Rosario. E isso não é tudo: o presente pode juntar-se, por qualquer descuido, com o passado e, se calhar, com o futuro. Os relatos de muitos visionários de boa-fé não me deixarão mentir."
Livro: O herói das mulheres
Autor: Adolfo Bioy Casares
miércoles, 28 de marzo de 2012
Hotel Palace
"¿Cómo podría contarlo? El viajero se ha quedado tan perplejo, tan mudo y desconcertado, que no encuentra las palabras para contarse a sí mismo lo que está viendo; cuanto más para contárselo a los que lean su viaje. El viajero lleva ya más de dos horas despierto. El viajero se ha bañado y ha tomado dos cafés, aparte de recorrer toda la vega del Támega, que tampoco es un paseo, pero todavía duda de si no seguirá durmiendo; tan impresionado está de ver esta maravilla que se alza en medio del bosque y que parece, más que real, pintada sobre el paisaje. Porque lo que el viajero tiene ahora frente a él no es un hotel, ni mucho menos un edificio, por más que así se presente, sino el sueño de un país que quiso empezar el siglo mostrándole a toda Europa su poder y su grandeza. Aunque su poder durase lo que duró el oro de sus colonias y su grandeza lo que lo hizo la vergonzante tutela inglesa que mantuvo en sus palacios a los últimos reyes portugueses: Pedro V, del que se dice que murió de melancolía (en realidad lo fue de tuberculosis), Luis I, el violenchista, y el último, Carlos I, apreciable pintor de acuarelas y amante de la arquitectura, tras cuyo asesinato se estableció la República justo cuando en Vidago se inauguraba la que sería su última gran obra como rey: el Hotel Palace.
Dicen que, cuando se inauguró (en 1910), el Palace erra el hotel más lujoso y romántico de Europa. Quizá lo siga siendo todavía, a tenor del lugar en que se encuentra y de la grandiosidad y magnificencia que impregnan todo el conjunto y que alcanzan su máxima expresión en el vestíbulo y en la gran escalinata principal que da acceso a los pasillos y a los inmensos salones en los que los espejos y las estatuas contemplan indiferentes el transcurrir de las horas y las idas y venidas de la gente. Porque, al contrario que el Gran Hotel, el Palace está lleno de bañistas que pasan aquí el verano o algunos días de vacaciones y de personas como el viajero, que simplemente vienen a verlo. Lástima que no les dejen mirar las habitaciones donde se alojan aquéllos a razón de 20.000 escudos diarios, sin contar las comidas y otros gastos.
- ¿Y el comedor?
- Sí, pero sin tocar nada, por favor -le dice una camarera que está con dos compañeras preparándolo para el almuerzo.
El comedor, los pasillos, el viejo salón de té, hasta la cafetería y los baños son museos hermosísimos, decorados de una época de ensueño que se perdió con el siglo, pero que rememoran a cada paso los muebles y las pinturas y unos dignísimos empleados que parecen sacados de un teatro y a los que el viajero envidia su suerte: por trabajar aquí y por cobrar por hacerlo. Aunque a decir verdad, al que el viajero envidia realmente, más incluso que a los huéspedes, es al niño que vigila la piscina, un muchacho de apenas trece años, pero vestido ya de hombrecito (pantalón corto, calcetín alto y chaqueta con corbata y pasador), que contempla la mañana sentado bajo los árboles mientras los bañistas sudan y se tuestan al sol como lagartos. Él sí que está en la gloria; él sí que es un privilegiado, aunque los bañistas piensen que lo son ellos.
- Te cambio el puesto chaval.
- No puedo -responde el niño, sonriendo de oreja a oreja."
Libro: Trás-os-Montes (un viaje portugués)
Autor: Julio Llamazares
domingo, 25 de marzo de 2012
Sostiene
"Dejó su artículo al señor Pedro y salió. Se sentía agotado y tenía la tripa alborotada. Pensó en detenerse a comer un bocadillo en el café de la esquina, pero sólo pidió una limonada. Luego cogió un taxi y se hizo llevar hasta la catedral. Entró en casa con cautela, con el temor de que alguien le estuviera esperando. Pero no había nadie, sólo un gran silencio. Fue al dormitorio y echó una mirada a la sábana que cubría el cuerpo de Monteiro Rossi. Después cogió una pequeña maleta, puso lo estrictamente necesario y la carpeta de las necrológicas. Fue a la estantería y empezó a hojear los pasaportes de Monteiro Rossi. Finalmente encontró uno apropiado para el caso. Era un buen pasaporte francés, muy bien hecho, la fotografía era de un hombre grueso con bolsas bajo los ojos, y la edad se correspondía con la suya. Se llamaba Baudin, François Baudin. Le pareció un buen nombre, a Pereira. Lo metió en la maleta y cogió el retrato de su esposa. Te llevaré conmigo, le dijo, será mejor que vengas conmigo. Lo puso con la cara hacia arriba, para que respirara bien. Después echó una mirada a su alrededor y consultó el reloj. Era mejor darse prisa, el Lisboa saldría dentro de poco y no había tiempo que perder, sostiene Pereira."
Libro: Sostiene Pereira
Autor: Antonio Tabucchi
miércoles, 21 de marzo de 2012
O amor é português
"Depois bate fundo o mar
ali onde as pedras encostam
e há anos sobravam as pedras
pedras redondas ao sol."
Livro: As junções
Autor: Hugo Milhanas Machado
lunes, 19 de marzo de 2012
O tempo
Livro: O homem que sonhava ser Hitler
Autor: Tiago Rebelo
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