Se puede decir que dedicarse a vender bacalao a los países del sur ya no lo es todo. Un día llegas a Copenhague, de lo más elegante, y ¿qué sucede? En los periódicos te denominan "Barón de las salazones". Porque aunque el pescado salado sea una de las mercancías más caras para el transporte internacional, pues en cuanto se prensa se vuelve muy pesado, el pescado salado es, en sí y de por sí, una mercancía ridícula; y es justo, pues, como digo yo, queridos niños, apreciados tíos y tías, distinguidos compatriotas: al pescado hay que ponerle un lacito.
Y no basta con ponerle un lazo danés al pescado islandés, sino que el lazo debe ser de fama internacional. Dicho en una sola palabra, hay que demostrar al mundo que el pescado canta; y que canta bien. Por eso, quienes vendemos pescado hemos dedicado ímprobos esfuerzos a la mejora del nivel cultural de nuestra nación, a fin de demostrar, dentro y fuera de nuestras fronteras, que somos una aristocracia que o se limita a sacar el pescado de las profundidades del mar, sino que además sabe ponerle un lazo en el pescuezo, para gozo del mundo entero, tal como aquí se dice: er ging in ein Wirsthaus hinein um zu Mittag zu essen.
Libro: El concierto de los peces.
Autor: Halldór Laxness

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