martes, 30 de abril de 2013

Iceland




     "- Y nuestro pueblo no volverá a ser azotado por exigir un precio digno para todas las mercancías -dijo Arnas Arneus-. Construiremos villas al estilo de otras naciones en torno a todos los puertos y crearemos una flota pesquera y venderemos pescado seco y géneros, como en los tiempos anteriores a los de Jón Arason, en las ciudades del continente, comprando a cambio mercancías dignas de hombres civilizados. Extraeremos de la tierra materias preciosas. El emperador enseñará el puño al rey danés y le exigirá que devuelva a los islandeses los objetos preciosos que hizo robar de la catedral de Hólar y de los monasterios de Munkathverá, Mödruvellir y Thingeyri. Asimismo serán devueltas las propiedades de que la Corono privó a la Iglesia islandesa después de su caída. Y se alzarán en Islandia universidades y colegios, en los que los estudiosos islandeses puedan vivir nuevamente una vida humana.

     - Y edificaremos palacios no menos soberbios que los que el gobernador Gyldenloeve se ha hecho construir en Dinamarca con el dinero de Islandia.

     - En Thingvellir se elevará una soberbia Casa de Justicia, y en su torre se colocará una campana más grande y más sonora que la que el rey mandó requisar y el verdugo ordenó derribar a Jón Hreggvidsson - dijo él.

     - Y la luna fría que se refleja en la Sima de los Ahogados dejará de ser el único consuelo de las mujeres pobres -dijo ella.

    - Y los mendigos hambrientos no volverán a ser ahorcados en nombre de la Justicia en el Almanngja -dijo él.

    - Y todos serán nuestros amigos nuestros porque todos vivirán bien.

    - Y la mazmorra será suprimida, porque en un país donde todos viven bien no se cometen crímenes.

    - Y nosotros dos cruzaremos el país en caballos blancos ... -dijo ella."

Libro: La campana de Islandia
Autor: Halldór Laxness

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